diumenge, 30 de setembre del 2012

LAS MIL Y UNA NOCHES

Dolido por la infidelidad de su esposa, un vengativo sultán decide matar cada día a una mujer, después de haber dormido con ella. Cuando le llega el turno a Sahrazade, esta trama un plan: cautiva la atención del rey una noche tras otra contándole historias. Así, logra salvar su vida y enamorar locamente al rey.

 
Hemos leído dos cuentos: "Abdula, el mendigo ciego"  y "El ángel de la muerte y el rey de Israel".  Con el primer cuento, los alumnos hemos inventado finales diferentes; con el segundo, hemos imaginado una continuación. Aquí podéis leer algunos de los resultados.

Continuación de "Abdula"

 Abdula se quedó ciego. Su amigo ya le había advertido de que si se la ponía en el  ojo derecho perdería su vista. En ese instante,  Abdula le pidió que le ayudara a volver a tener vista. El amigo dijo que ni hablar pero al cabo de unos días pensó que podía reflexionar. Solo una flor que crecía en el extremo del mundo podía curarlo.

El derviche se sentía culpable de la ceguera de su amigo así que  emprendieron la marcha al único lugar donde se encontraba la medicina: en el Polo Norte. Durante el viaje perdieron mucha fuerza, se debilitaron tanto que el mismo derviche también perdió la vista;  no consiguieron encontrar la flor y pasaron el resto de sus días vagando por las frías tierras polares. PAULA IGLESIAS
Continuación de" El rey de Israel"

Desde el día que el rey de Israel murió,  todos sus súbditos fueron buenos e hicieron solo buenas obras.

El rey no podía estar más arrepentido de lo malo que había sido cuando aún tenía vida. Ahora se encontraba en el Infierno, sirviendo a Satanás. Entonces se dio cuenta de lo que sufrían los súbditos al tener que obedecer a alguien tan perverso.

Un día que le estaba llevando la comida a Satanás, vio que se había confundido de vino – Satanás era muy caprichoso- , pero como no quedaban otras botellas, le llevó la que había escogido. Satanás  se enfadó tanto que mandó llevar al rey de Israel a la peor sala de torturas del Infierno. En esa sala se pasó medio año sin comer y sin agua.  La sala era muy estrecha, con  muchos pinchos en las paredes, de manera que solo podía estar de pie,  sin moverse ni un milímetro.

En el Infierno, aunque ya estés muerto te pueden torturar y hacerte sufrir como si tuvieras vida;  pero nunca puedes volver a morir. Así los castigos son eternos. AIDA MUÑOZ