dissabte, 29 de desembre del 2012

Burradas

¡Vamos a escribir burradas! Esta es la contraseña.
Se trata de escribir una historia mezclando personajes de todos los relatos leídos: de Las mil y una noches, de El Conde Lucanor y de las leyendas de Bécquer. Bueno, no ha resultado fácil, pero al menos lo hemos intentado. Al final, algunos productos han llegado a ser, incluso, loables. Para que veáis que no miento, os dejo un par de historias. Vosotros mismos podréis reconocer la procedencia de los protagonistas, de los espacios y de algunos detalles narrativos.


Aida Muñoz


Había una vez un ladrón que se ahogó en un río porque era muy ambicioso. La corriente del río le llevó hasta una Fuente a la que nadie nunca se atrevió a ir, porque dicen que si vas no saldrás con vida de ella: la fuente de los Álamos.
La fuente en realidad era un cementerio, y había muchísimos cadáveres ocultos entre los matorrales, pero nadie se daba cuenta porque se quedaban embobados con la mirada de esos ojos verdes de la mujer.
La mujer de esos ojos verdes es una transportadora del infierno. Este trabajo consiste en engañar a las personas del mundo de los vivos para que se enamoren de ella y caigan al agua con decirles una palabra: ven. Después se llevan el alma del que ha muerto al infierno, para que sea tratada y convertirla en poder para el Sub-Mundo.
El trabajo de transportador es parecido al del ángel de la muerte, compañero de trabajo de la mujer de los ojos verdes. El ángel de la muerte trabaja de informador: va informando a los que van a morir. A veces lo informa por telepatía y a veces en persona, igual que se lo dijo al rey de Israel.
 
Mariona Gasset
Un dia dos ladrones querían ir a robar un rayo de la luna que se reflejaba en el bosque, pues creían que era un montón de plata junta y que se harían ricos si se apoderaban de ella. Mientras perseguían el rayo, se encontraron a un hombre ciego que se llamaba Abdulá y le explicaron lo que les sucedía. Abdulá, que era muy listo, dedujo que se trataba de un rayo de la luna y se lo intento explicar. ,
Los ladrones no se lo creyeron porque el hombre era ciego  y ellos, muy ambiciosos. Pensó uno de ellos: <<Él es ciego, tampoco puede ver la plata así que debe estar loco>>. De modo que siguieron y siguieron hasta que, como corrían mirando arriba,  no vieron el árbol que tenían en frente y se estamparon contra él. Cuando se levantaron, uno de ellos vio reflejada la luna en un lago y se lanzó para cogerla;  pero en el agua había un cocodrilo que se lo tragó como si nada. El otro ladrón se fue corriendo a buscar a Abdulá y le pidió ayuda. Abdulá le puso una crema en el ojo para que se volviera ciego y así no volver a perseguir  la luna. Los ladrones acabaron, por ambiciosos, uno muerto y el otro ciego.
                                                                                                                                                  
 

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