Se trata de escribir una historia mezclando personajes de todos los relatos leídos: de Las mil y una noches, de El Conde Lucanor y de las leyendas de Bécquer. Bueno, no ha resultado fácil, pero al menos lo hemos intentado. Al final, algunos productos han llegado a ser, incluso, loables. Para que veáis que no miento, os dejo un par de historias. Vosotros mismos podréis reconocer la procedencia de los protagonistas, de los espacios y de algunos detalles narrativos.
Aida Muñoz
Había una vez un ladrón que se
ahogó en un río porque era muy ambicioso. La corriente del río le llevó hasta
una Fuente a la que nadie nunca se atrevió a ir, porque dicen que si vas no
saldrás con vida de ella: la fuente de los Álamos.
La fuente en realidad era un
cementerio, y había muchísimos cadáveres ocultos entre los matorrales, pero
nadie se daba cuenta porque se quedaban embobados con la mirada de esos ojos
verdes de la mujer.
La mujer de esos ojos verdes es
una transportadora del infierno. Este trabajo consiste en engañar a las
personas del mundo de los vivos para que se enamoren de ella y caigan al agua
con decirles una palabra: ven. Después se llevan el alma del que ha muerto al
infierno, para que sea tratada y convertirla en poder para el Sub-Mundo.
El trabajo de transportador es
parecido al del ángel de la muerte, compañero de trabajo de la mujer de los
ojos verdes. El ángel de la muerte trabaja de informador: va informando a los
que van a morir. A veces lo informa por telepatía y a veces en persona, igual
que se lo dijo al rey de Israel.
Mariona Gasset
Un
dia dos ladrones querían ir a robar un rayo
de la luna que se reflejaba en el bosque, pues creían que
era un montón de plata junta y que se harían ricos si se apoderaban de ella. Mientras
perseguían el rayo, se encontraron a un hombre ciego que se llamaba Abdulá y le
explicaron lo que les sucedía. Abdulá, que era muy listo, dedujo que se trataba
de un rayo de la luna y se lo intento explicar. ,
Los ladrones no se lo creyeron
porque el hombre era ciego y ellos, muy ambiciosos. Pensó uno de ellos:
<<Él es ciego, tampoco puede ver la plata así que debe estar
loco>>. De modo que siguieron y siguieron hasta que, como corrían mirando
arriba, no vieron el árbol que tenían en
frente y se estamparon contra él. Cuando se levantaron, uno de ellos vio
reflejada la luna en un lago y se lanzó para cogerla; pero en el agua había un
cocodrilo que se lo tragó como si nada. El otro ladrón se fue corriendo a buscar
a Abdulá y le pidió ayuda. Abdulá le puso una crema en el ojo para que se
volviera ciego y así no volver a perseguir
la luna. Los ladrones acabaron, por ambiciosos, uno muerto y el otro
ciego.

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